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🌙 Cuando la luna empieza a decir su nombre

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 Recién salida, la luna se deja ver entre los caldenes, como quien no quiere interrumpir. No hay apuro. La luz se filtra suave, como una bendición que no necesita palabras.  El monte la recibe en silencio, y yo también. En ese instante, todo parece estar en su lugar: la tierra, el cielo, la espera, la fe. Luis Varela 🌾 Reflexión  A veces, basta mirar cómo la luna se asoma entre los caldenes para recordar que la belleza no grita: susurra. La creación habla en voz baja, y quien se detiene a escuchar descubre que lo cotidiano está lleno de señales. La fe también aparece así, como la luna: despacio, fiel, sin estridencias. Y nosotros, si aprendemos a mirar, podemos encontrar en cada noche una promesa.

El pan de cada día

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“La fe se amasa en lo simple, como el pan que sostiene el alma.” 

Proyecto: La Fe en lo Cotidiano

  ¿Dónde habita la fe? No solo en los templos ni en los grandes gestos. La fe vive en lo pequeño: en el pan compartido, en la lluvia que cae, en una vela encendida, en los pasos que damos cada día. Este proyecto nace del deseo de reconocer a Dios en lo simple, de descubrir que lo cotidiano puede ser lugar de encuentro, de oración, de gratitud. Cada semana, compartiremos una breve reflexión inspirada en escenas comunes, acompañada de una imagen que ayude a mirar con otros ojos. Queremos que cada lector se sienta invitado a detenerse, contemplar y agradecer. ¿Para quién es esta serie? Para quienes buscan una espiritualidad encarnada. Para los que aman la belleza de lo sencillo. Para los que desean vivir la fe con los pies en la tierra y el corazón en Dios. ¿Cómo participar? Podés leer, compartir, comentar, o incluso enviar tus propias fotos y gestos de fe cotidiana. Este espacio es tuyo, es nuestro, es de Dios.

Los lirios del jardín y la fe que florece

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El día no era especialmente luminoso. El cielo estaba algo gris, y el aire traía esa calma que suele preceder a la lluvia. Pero aun así, mi esposa salió al jardín con su teléfono en mano, como suele hacer cuando algo la llama desde la tierra. Y allí estaban: los primeros lirios de la primavera, abriéndose paso entre el verde, ajenos al clima, fieles a su tiempo. Ella los fotografió con esa mirada que sabe encontrar belleza incluso cuando el sol no acompaña. Y al ver la imagen, me vino a la mente aquella frase del Evangelio que tantas veces escuchamos, pero que hoy resonó distinto: “Fíjense cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan, y sin embargo, les digo que ni siquiera el rey Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos.” Qué sabiduría hay en esa comparación. Los lirios no se preocupan, no se esfuerzan por ser vistos. Simplemente florecen. Y en ese florecer silencioso, nos enseñan algo profundo: que la belleza, la fe y la presencia de Dios no siempre viene...

La fe que se mete por la ventana

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Esta mañana, mientras preparaba un café, la luz entró por la ventana y dibujó una sombra sobre la mesa. No era una imagen extraordinaria, pero algo en ella me hizo detenerme. Pensé en cuántas veces Dios se manifiesta así: sin ruido, sin espectáculo. En lo cotidiano. En lo que no se publica, no se aplaude, pero transforma. Como diácono, muchas veces me preguntan dónde está Dios cuando no hay misa, ni sacramento, ni comunidad reunida. Y yo suelo responder: está en la espera, en el gesto amable, en el cielo que cambia de color. Este blog nace como una forma de compartir esa mirada. No para enseñar, sino para acompañar. Para decir: “yo también lo vi, yo también lo sentí”. Gracias por leerme. Que esta ventana siga abierta.